El dardo en la palabra

Nadie como Francisco de Quevedo supo convertir el idioma español en un arma blanca. Quevedo no sólo fue el maestro de los sonetos y las metáforas brillantes, también se consagró como el rey absoluto del ingenio punzante y la burla fina (y, a veces, no tan fina).

Su pluma era capaz de elevar el espíritu con la misma rapidez con la que hundía la reputación de un enemigo, dejando para la posteridad frases que son auténticos golpes de inteligencia.

Esta ilustración captura la esencia del hombre que vivió entre la espada y el tintero. Mi homenaje al autor que nos enseñó que «donde hay poca justicia, es un peligro tener razón» y que, siglos después, sigue siendo el referente de cualquier mente despierta que prefiera la brevedad del ingenio a la pesadez del discurso.

¡Ahora puedes llevar contigo el espíritu del más mordaz de nuestros clásicos!