Construyendo una portada con un osito de peluche y una duda de diseño
Crear la portada para un relato (de ciencia ficción, en el caso que nos atañe), siempre es un reto interesante, especialmente cuando la historia camina sobre la línea entre lo científico y lo emocional. Con Reminiscencias, tenía un punto de partida muy claro para la ilustración central: debía ser un juguete.
La cuestión principal era qué juguete elegir. Me decidí por un osito de peluche porque me parece un símbolo universal, sin género, que conecta de inmediato con la infancia de cualquiera. Un osito no es solo un objeto para jugar; funciona como un talismán, un guardián diseñado para ahuyentar las pesadillas y atraer los buenos sueños. Era la pieza perfecta para evocar esa carga nostálgica que exigía (exige) este título.

Las dudas surgieron a la hora de diseñar la portada. En una primera opción aposté por una estética muy aséptica. Un blanco impoluto, un fondo que dominara toda la composición. Buscaba una limpieza casi quirúrgica, que se acercara todo lo posible al argumento de la historia.

Pero al releer el texto, me di cuenta de este relato guarda un poso más oscuro, una tristeza latente. El blanco no encaja con ese peso dramático. Decidí dar un giro radical: trabajé con una paleta de colores que lo ensombreciera todo, transformando la portada en algo oscuro, pero no tétrico.
En esta entrada podéis ver las dos alternativas para que les echéis un vistazo. A mí me convenció mucho más la segunda, evidentemente, y fue la que entregué.
De la primera nadie sabe nada. Hasta hoy. 😊
Por cierto ¿Había comentado que la historia y la ilustración están publicadas en El Yunque de Hefesto?
Si os gustan las buenas historias, no lo dudéis un momento y hacedles una vista.
¡Corred insensatos! 😊

