El mirlo acuático (Cinclus cinclus) siempre ha sido una de las aves favoritas de los biólogos fluviales. Este pequeño pájaro, un poco rechoncho, famoso por su asombrosa capacidad de caminar bajo el agua corriente abajo buscando alimento, es considerado uno de los mejores bioindicadores de la salud de nuestros ríos.
El mirlo acuático depende exclusivamente de aguas limpias, muy oxigenadas y ricas en macroinvertebrados (ninfas de efímeras o tricópteros, por ejemplo). La presencia o ausencia del mirlo acuático nos dice, sin lugar a dudas, si un cauce está sano o contaminado. Pues bien, la ciencia acaba de descubrir que este incansable buceador tiene un superpoder ecológico: se ha convertido en un detector de microplásticos en los ecosistemas de agua dulce.
Del País Vasco a Escocia
Hasta hace muy poco, la inmensa mayoría de los estudios sobre la ingestión de plásticos en aves se concentraba en especies marinas o costeras (como albatros o gaviotas). Se asumía que los ríos eran simples «autopistas» que transportaban los desechos hacia el mar, monitorizando relativamente poco los caudales fluviales.
Para llenar este vacío, un equipo internacional de científicos, liderado por investigadores de la Universidad de Glasgow, (con la participación activa de entidades del País Vasco y Escocia) han puesto en marcha un innovador estudio cuyos resultados han visto la luz en la prestigiosa revista Environmental Research.
El equipo analizó los nidos de mirlos acuáticos en seis cuencas fluviales con diferentes niveles de presión humana: tres en Escocia (ríos Dighty, Kelvin y South Esk) y tres en el País Vasco (los ríos Artibai, Lea y Oka). Utilizando un método totalmente no invasivo para no perturbar a las familias reproductoras, los científicos recolectaron los sacos fecales de los polluelos en los propios nidos para analizar qué estaban excretando.

Los resultados: una presencia extendida y ligada al asfalto
El estudio demostró que los microplásticos ya forman parte de la dieta involuntaria de la fauna de interior:
- Contaminación generalizada: Se detectaron microplásticos en el 62,5% de las nidadas analizadas, una cifra idéntica tanto en las cuencas escocesas como en las vascas.
- Las fibras textiles ganan por goleada: El tipo de residuo más común fueron las fibras (77,7%), seguido por microesferas (14,4%) y fragmentos rígidos (7,7%). Estas fibras plásticas proceden, principalmente, del lavado de ropa sintética y de los sistemas de depuración urbana.
- El factor humano es la clave: La concentración de microplásticos en las cacas de los polluelos aumentaba de forma drástica en aquellos nidos situados cerca de entornos urbanos y zonas agrícolas intensivas. Por el contrario, en los nidos ubicados en cabeceras de ríos rodeadas de bosques naturales, la presencia de plástico fue prácticamente nula.
¿Cómo llegan los plásticos al estómago del mirlo?
El mirlo acuático no confunde un trozo de plástico con comida (como les ocurre a las tortugas marinas con las bolsas). La transferencia se produce a través de la cadena trófica.
Los microplásticos flotan en los ríos y se depositan en el lecho lodoso. Allí, los insectos acuáticos y sus larvas los ingieren accidentalmente al alimentarse. Como el mirlo acuático adulto recolecta de forma masiva estos invertebrados para cebar a sus hambrientos polluelos, acaba transfiriendo de forma indirecta toda esa carga de microplásticos directamente al nido.

