InicioBitácoraLa culpa es tuya

La culpa es tuya

No importa lo que ocurra. No importa quien legisle, quien gobierne, quien firme los decretos o quien administre. Cuando el humo se disipa y llega la hora de buscar responsabilidades, la culpa es tuya. El dedo acusador siempre señala hacia abajo. Hacia ti.

El sistema no necesita justificar sus fracasos; si un Estado se endeuda hasta límites insostenibles, eres tú quien acabará pagando la factura mediante impuestos, inflación o pérdida de servicios. Un gobierno no te hablará de quienes generaron el problema. Su debate consiste en explicarte por qué debes apretarte el cinturón.

Y, ojo, si decides no participar en el circo electoral porque consideras que las grandes decisiones ya se toman muy lejos de tu comarca, entonces la culpa también es tuya.

Foto: Mohammad Ayaz Alam

No importa que en 2011 el sistema político reformara el artículo 135 de la constitución por su cuenta, consagrando, de esta manera, el principio de estabilidad presupuestaria y estableciendo que el pago de los intereses y el capital de la deuda pública (es decir, pagar a los bancos) tiene prioridad absoluta frente a cualquier otro gasto del Estado, incluidos los sociales.

Pues la culpa de todo esto es tuya también. Por votar a la derecha. Bueno, en este caso la izquierda y la derecha se pusieron de acuerdo. Da igual, es culpa tuya. Por no ir a votar. O por votar a quién no debes. La culpa es tuya.

Foto: Gustavo Galeano Maz

La vivienda constituye otro prodigio de este teatro. Que el gobierno de turno no construye vivienda social debido a una nefasta planificación y a una burocracia de locura, la culpa es de los que han heredado dos pisos. O tres. O los que sean. La culpa es suya (o tuya, si los has heredado). Y tuya, por haber elegido a gobiernos que confunden un derecho constitucional, como el derecho a la vivienda, con un bien de mercado (como decía el ex ministro Ábalos).

El sistema consigue que el debate acabe enfrentando a ciudadanos que heredan una vivienda contra ciudadanos al que el sistema actual les hace inviable conseguir una. El gobierno, responsable de que haya alquileres asequibles y viviendas para todos, desaparece del escenario mientras los figurantes discuten entre ellos.

Es una vieja estrategia: divide al patio de butacas para que nadie mire hacia el escenario.

Si sales a la calle para defender una sanidad pública de calidad y alteras el tráfico durante unas horas, el problema ya no es el deterioro del sistema sanitario, sino tu conducta. Pero si permaneces en casa mientras los servicios empeoran, también eres responsable por tu apatía. Protestas, culpa tuya. No protestas, culpa tuya. El resultado nunca cambia.

Foto: Anna Shvets

Durante la pandemia este mecanismo alcanzó una perfección casi absoluta. Cada ciudadano se convirtió en sospechoso potencial. Si el virus avanzaba era porque alguien paseaba, visitaba a su familia o tomaba un café en un bar. Culpa tuya. Curiosamente, salir de casa para trabajar y mantener en funcionamiento el aparato del Estado nunca planteaba el mismo problema moral.

Con los incendios ocurre algo parecido. Se insiste, con razón, en evitar imprudencias. Pero rara vez se discute con igual intensidad la gestión forestal estatal o las consecuencias de décadas de políticas erráticas.

La culpa siempre es un viaje de ida hacia abajo. Esa es la victoria definitiva. Todo es culpa tuya. Y así con todo.

ARTÍCULOS RELACIONADOS
- Advertisment -

Más populares

Apocalipsis zombi

Beaufort